27 ene. 2013

EN REALIDAD NUNCA ME FUI


 DOMINGO, 27 DE ENERO 



"Lonely House"


He leido un artículo fantástico sobre Kurt Weill (1900-1950), músico judio que abandonó la Alemania nazi en 1933, compositor prolífico que me interesó mucho durante una época por varias razones. Una de ellas, el descubrimento de una calidad musical personalísima que le distinguió toda su vida, la primera mitad del siglo, y que libre de modas y corrientes asimiló sólo lo que le interesaba de estas. El "sucesor" de la ópera: el teatro musical le debe mucho.
Compuso música para todo tipo de escritores, dramaturgos y libretistas, alemanes, franceses y norteamericanos, muy a menudo con fuertes y relevantes contenidos ideológicos. Aún así se mantuvo al margen de adhesiones y se limitó al terreno musical.
Siempre será nombrado de segundas y estará a la sombra de el dramaturgo alemán del siglo XX, Bertold Brecht. 
Brecht era un intelectual, un genio y un maestro del sarcasmo, que por cierto se reía muy bien de los demás pero no tan bien de sí mismo. 
Weill voló más alto y destacó siempre, para los oidos que saben y sabían escucharlo, en la libertad estilística en la partitura, en su independencia artística y en esa humanidad que se transparenta en la melancolía y en la claridad, falta de pretensiones, de sus melodías. Absorbía tendencias y estilos en el momento en el que los oía, para más tarde mezclarlos sin pudor. En su música se escucha todo lo que le interesó que no fue poco. Sus canciones francesas dejan en mantillas a algunas chansons e incluso una fue cantada como himno por los franceses de la Resistencia en la Segunda Guerra Mundial. Lo que compuso en América, que fue mucho, no está por debajo de ninguna obra de los grandes compositores estadounidenses del peso de Porter o Gershwin.
En el libro sobre la correspondencia entre él y Lotte Lenya se revelan irreverencia, desinhibición y el humor que le insufló al drama en su vida y a su música. Dejó de hablar en su lengua materna al llegar a los Estados Unidos por convicción y se autoproclamó americano, pero cuando un periodista danés le preguntó en Paris en los años treinta qué sentía al dejar su país, confesó: "En el fondo de mi corazón, nunca me he ido de Alemania ".

Disco Recomendable  



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